Yogui

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LA HISTORIA DE YOGUI: DE SUPUESTAMENTE CONFLICTIVO A PERRO 10

Yogui es un Boyero de Berna de casi 7 años y, ha tenido que llegar Eva a nuestras vidas para enseñarme que lo que yo veía como un perro difícil y conflictivo, realmente es un perro 10 al que yo no sabía entender.

Tenemos la suerte de vivir en un sitio con un pinar al lado donde desde cachorro hemos ido a pasear y socializar con perros. Como es un perro muy grande (y cabezota), y suelto ha funcionado genial los primeros cuatro años, la correa se convirtió en una asignatura pendiente para los dos.

En 2020 llegó el famoso confinamiento y nos cambió la vida (muy para mal). A pesar de estar en una casa con jardín, fue una etapa muy estresante para Yogui (pocos estímulos, pocos paseos, poco contacto con personas y perros, los aplausos los llevó fatal…). Intentamos unas sesiones de adiestramiento online y también hablé con Eva, que me estuvo ayudando a trabajar un estado de calma en casa.

Por si esto fuera poco, tuvimos cinco malas experiencias donde perros (machos) muy grandes vinieron sueltos a atacarle en una zona urbana donde paseábamos al lado de casa mientras no podíamos volver al pinar de siempre. Esta fue la gota que colmó el vaso: 

Yogui tuvo una asociación muy negativa de todo el barrio donde estaba mi casa.

Tiraba muchísimo de la correa. Paseaba estresado, siempre alerta.

Empezó a ladrar a las personas, cosa que nunca había hecho  

Ladraba y gruñía a todo perro y perra que se cruzaba.

Empecé a ser muy consciente de la reactividad que tenía con la correa, sumado a todos estos puntos anteriores que nunca antes nos habían pasado. 

No había nada que pudiera hacer para llamar su atención, siempre los estímulos externos tenían una prioridad muchísimo mayor que yo. Para mí los paseos se convirtieron en un INFIERNO. Tenía pánico. Nunca me había sentido así. No sabía cómo podía reaccionar mi perro si llegara a acercársele otro perro suelto. Me sentía como una delincuente cuando mi perro montaba un numerito, y yo lo pagaba con él regañándole o llevándomelo bruscamente de la correa porque no me gustaba sentirme juzgada ni que le juzgaran a él.

Hablé con Eva para ver cómo podíamos cuadrar las sesiones con la situación que había tras el confinamiento y finalmente se vino con Skye, Nitro y Thor, que fueron los que hicieron el primer psicoanálisis a lo que yo creía que era un perro agresivo. Sorpresa! A ellos Yogui les pareció buena gente 🙂 Eva trazó un plan de acción y nos pusimos manos a la obra.

Tengo que decir que cuando me fui de la primera sesión con los 3 ejercicios más básicos que se le puedan mandar a una persona para que haga con su perro, tuve dudas. Pero me lo tomé muy en serio y decidí confiar. Construímos unas pautas empezando por los cimientos y las íbamos extrapolando a situaciones cotidianas. Yogui poco a poco fue cambiando asociaciones negativas por positivas.

A día de hoy no puedo parar de agradecerle a Eva toda la ayuda que nos dio:

Volvemos a pasear tranquilos con correa y sin correa.

 Vive en una urbanización llena de gente a la que pide mimos en vez de ladrarles.

 Me escucha en los paseos. Bueno, se sigue haciendo un poco el loco, pero eso va en la raza! 

 Ha vuelto a confiar en los perros   

He aprendido que lo importante es empatizar con tu perro y que te de igual que te mire la gente si pega un ladrido porque se sienta amenazado, estresado o lo que sea. Los perros ladran y los perros gruñen… y si les quitas eso les quitas su manera de expresarse y probablemente sea mucho más difícil entender cuándo empiezan a llegar a su límite. Pensaba que antes teníamos un buen vínculo, pero sin duda ha mejorado mucho.

 

 

Por todo esto y seguramente muchas más cosas que me estoy dejando, GRACIAS Eva y GRACIAS a todos tus perros, especialmente a Skye y a Nitro que no son conscientes de todo lo que nos han ayudado!!

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